Sexo

El “Sexo” es una cualidad biológica o una clasificación de los organismos que se reproducen sexualmente, en general, hembra, macho y / o intersexo, de acuerdo con las funciones que se derivan de la dotación cromosómica, órganos reproductores, u hormonas específicas o factores ambientales que afectan a la expresión fenotípica de rasgos que están fuertemente asociados con las hembras o los machos dentro de una especie dada. Los efectos hormonales (y ambientales), que pueden ser organizacionales (diferenciación) y esencialmente permanentes, o activacionales, por tanto, posiblemente reversibles, están fuertemente influenciados por la composición genética del individuo (Wallen, 2009). Por lo tanto, hay una serie de rasgos dentro de cada sexo, con una considerable superposición de los rasgos fenotípicos “femeninos” y “masculinos”, sobre todo en cuanto a las “características sexuales secundarias”. El sexo puede definirse en función de:

1. La genética: Construcción cromosómico (femenino / masculino), como ZW / ZZ (aves y algunos insectos), XX / XO (insectos) y XX / XY (la mayoría de los mamíferos). En los mamíferos la región determinante del sexo del cromosoma Y, SRY, juega el papel más importante en la diferenciación del sexo, pero a causa de otros factores de transcripción, como DAX1 y FOXL2 en hembras y en machos SOX9, o la translocación del gen SRY en el cromosoma X o un autosoma, las hembras y los machos pueden tener cariotipos distintos de 46, XX y 46, XY, respectivamente (véase el Estudio de caso: Genética de la determinación del sexo). Independientemente del cariotipo, la presencia de genes determinantes del sexo significa que toda célula humana nucleada tiene “sexo”. (Nota: Muchas especies no tienen sistemas de determinación genética del sexo – ver a continuación)

2. Los Gametos: Las células germinales. En las especies donde se producen dos tipos morfológicamente distintos de gametos, con cada individuo produciendo un solo tipo, la distinción de óvulo/espermatozoide es la base para distinguir entre hembras y machos, respectivamente.

3. La morfología: rasgos físicos que diferencian los fenotipos hembra y macho.

a) Las características sexuales primarias en los seres humanos y otros animales incluyen:

I. Órganos internos reproductivos y genitales, que derivan de órganos “bipotenciales” (por ejemplo, “gónadas indiferentes” que se convierten en ovarios o testículos) y estructuras duales. Por lo general, una estructura se mantiene y la otra retrocede. Por ejemplo, los embriones humanos tienen ambos conductos mesonéfricos y paramesonéfricos. Los primeros se convierten en conductos de Müller (y forman las trompas de Falopio, el útero y la vagina proximal) en las mujeres, pero retroceden en los hombres. Estos últimos se convierten en conductos de Wolff (y forman las vesículas seminales, el epidídimo y conducto deferente) en los hombres, pero retroceden en las mujeres.

II. Genitales externos, los cuales generalmente se diferencian hacia una de dos formas básicas: la vagina distal, labios y el clítoris en las mujeres; y el escroto y el pene en los varones; sin embargo, los genitales externos no siempre son representativos del sexo genital cariotípico o interno (Fausto-Sterling, 2000).

III. Estructuras neurales prenatales sexualmente dismórficas. Muchos dimorfismos cerebrales morfológicos y funcionales surgen durante los períodos gestacionales tardíos y neonatales. Pueden deberse a los efectos diferenciales de las hormonas fetales y otros mecanismos de regulación, incluyendo factores genéticos y ambientales (McCarthy et al, 2011;.. Jazin et al, 2010).

IV. Otros tejidos sexualmente dismórficos en estudio continuo. Como la investigación sobre el “sexo” sigue expandiéndose más allá de la reproducción y la neurociencia, el dimorfismo sexual en otras estructuras fetales recibirá una atención creciente en el futuro.

b) Las características sexuales secundarias son rasgos fenotípicos fuertemente asociados con las hembras o machos que llegan a ser prominentes en la pubertad cuando los ovarios y los testículos producen niveles mucho más altos de estrógenos y andrógenos, respectivamente. A menudo se refiere a ellas como “hormonas gonadales” (aunque también producidas por la glándula suprarrenal y metabolizadas en muchos tejidos del cuerpo) u “hormonas sexuales” (aunque otras hormonas y factores genéticos influyen en los rasgos fenotípicos de ambos sexos y las “hormonas sexuales” tienen funciones no relacionadas con la diferenciación sexual), ambas clases de hormonas tienen importantes efectos biológicos en ambos sexos. Por ejemplo, los estrógenos son esenciales para el desarrollo del esqueleto en ambos sexos, y los andrógenos son responsables del crecimiento del vello púbico y axilar en la pubertad en ambos sexos.

Ejemplos de los caracteres sexuales secundarios en los seres humanos incluyen estatura más baja y pelvis más ancha, desarrollo de los senos, y más grasa en los muslos y los glúteos en las mujeres, y  hombros amplios, una mayor masa muscular, más vello en cara y otras partes del cuerpo, y “calvicie masculina” en los hombres. Como se señaló anteriormente, estos rasgos varían dentro de cada sexo y hay rasgos que se superponen. Por ejemplo, muchas mujeres son más altas que muchos hombres y algunas mujeres son más fuertes que muchos hombres -ver Analizando el Sexo.

Estas características también pueden ser promovidas por hormonas exógenas. Por ejemplo, la masa muscular y el vello facial se incrementarán en las mujeres que toman andrógenos, y los senos y otros rasgos “femeninos” se desarrollarán en los hombres que toman estrógenos.

Los sistemas de determinación no-genética del sexo son conocidos en muchas especies (Gilbert, 2010). Estos son diversos e incluyen:

  • La determinación térmica del sexo: En todos los cocodrilos, la mayoría de las tortugas y otros reptiles, la determinación del sexo es parcial o totalmente dependiente de la temperatura. En algunas especies, el sexo está determinado genéticamente dentro de un rango de temperatura pero se determina ambientalmente si se encuentra fuera de ese rango.
  • La determinación del sexo basada en la edad: En algunas especies, como el caracol marino Crepidula fornicata, todos los individuos jóvenes son machos, pero tras un tiempo algunos de ellos pasan a ser hembras, dependiendo de su colocación en una especie de montículo formado por un grupo de caracoles.
  • La determinación social del sexo: En muchas especies de peces, el sexo se determina a través de interacciones sociales con otros miembros. En Bonellia viridis, un gusado marino de la clase de los equiuroideos, el sexo está determinado por el entorno físico: las larvas que caen en la tierra en el fondo del mar se desarrollan como hembras (~ 10 cm de largo), mientras que las larvas que están envueltas por una hembra adulta a través de su probóscide se desarrollan como machos (~ 2 mm. de largo) y viven en simbiosis.

La intersexualidad se puede definir como variaciones o combinaciones de lo que se consideran como típicos cromosomas (XY, XX), gónadas y características masculinas y femeninas. (Karkazis, 2008; Kessler, 1990).

Problemas a evitar cuando se analiza el Sexo:

Pueden surgir algunos problemas si el equipo de investigación asume que:

  • Todas las hembras (o todos los machos) son iguales
  • Hembras y machos son diferentes
  • Las diferencias aparentes entre mujeres y hombres son sólo biológicas
  • Las diferencias aparentes entre mujeres y hombres se dan en todas las culturas
Bibliografía

Fausto-Sterling, A. (2000). Sexing the Body: Gender Politics and the Construction of Sexuality. New York: Basic Books.

Gilbert, S. (2010). Developmental Biology, 9th Edition. Sunderland: Sinauer Associates.

Jazin, E., & Cahill, L (2010). Sex Differences in Molecular Neuroscience: From Fruit Flies to Humans. Nature Reviews, 11 (1), 9-17.

Karkazis, K. (2008). Fixing Sex: Intersex, Medical Authority, and Lived Experience. Durham: Duke University Press.

Kessler, S. (1998). Lessons from the Intersexed. News Brunswick: Rutgers University Press.

McCarthy, M., & Arnold, A. (2011). Reframing Sexual Differentiation of the Brain. Nature Neuroscience, 14 (6), 677-683.

Wallen, K. (2009). The Organizational Hypothesis: Reflections on the 50th Anniversary of the Publication of Phoenix, Goy, Gerall, and Young (1959). Hormones and Behavior, 55 (5), 561–565.