Método: investigación y diseño participativos

Gran parte del conocimiento se encuentra dividido entre mujeres y hombres, debido a que el trabajo (tanto del empleo formal como el trabajo no remunerado dedicado al mantenimiento del hogar y los cuidados) se encuentra dividido por cuestiones de género. Esta división sexual del trabajo también da lugar a diferencias respecto a las herramientas y recursos que mujeres y hombres utilizan. Por ejemplo, la mayoría de los conductores profesionales son hombres, y por tanto estos hombres pueden tener información valiosa para el desarrollo de tecnologías relacionadas con el transporte terrestre. Analizar la experiencia específica según el sexo o el género puede servir como recurso para la producción de conocimiento y el diseño tecnológico.

Los métodos de investigación participativa se utilizan en una amplia gama de disciplinas como el diseño del producto industrial, la epidemiología o la ingeniería de software. Aunque las metodologías específicas son diversas, la investigación participativa involucra a los usuarios/as o sujetos de la investigación en tareas tales como la definición de los objetivos de la investigación, la recopilación y procesamiento de datos, y la interpretación de los resultados (Gonsalves et al, 2005;. Leung et al, 2004;. O’Fallon et al. , 2002; Greenwood et al, 1993). La investigación participativa busca normalmente el equilibrio entre los intereses, beneficios y responsabilidades de los usuarios/as o sujetos y los de las instituciones de investigación involucradas. Además, la investigación participativa busca llevar a cabo todo el proceso, desde la planificación hasta la emisión de informes, de forma transparente y accesible para todas las partes (OMS, 2011).

Pasos prácticos para la incorporación del análisis de sexo y género en la investigación participativa. Los equipos de investigación deben:

1. Identificar el área de trabajo o de la vida cotidiana que desean estudiar: Investigar las estructuras de género en esa área y asegurarse de tener en cuenta las subáreas que se puedan haber pasado por alto. Hay que tener en cuenta que:

A. Las mujeres pueden necesitar productos específicos, tales como productos de higiene femenina o sujetadores deportivos (Vostral, 2008; Faulkner, 2001; Maines, 1999; McGaw, 2003; Cowan, 1983); los hombres también pueden tener necesidades de productos específicos, tales como los productos masculinos para el control de la natalidad (Oudshoorn, 2003).

B. Las mujeres o los hombres pueden contribuir aportando conocimiento específico.

2. Identificar potenciales grupos destinatarios: Realizar estudios o revisiones de la literatura existente, coordinación de grupos focales, enviar cuestionarios, etc. ¿Cuáles son las características de los usuarios y comunidades objetivo (sexo, edad, nivel socioeconómico, raza, lengua materna, etc.)? Las preguntas incluyen: ¿Cómo podrían verse afectados los diferentes grupos de personas (definidos por su sexo, raza, edad, ubicación geográfica, etc) por este proyecto/producto? ¿Cuáles son sus puntos de vista e intereses particulares? ¿Quién cuenta con información práctica o experiencia que pudiera ser relevante para la investigación o la planificación del proyecto? Por ejemplo, los diseñadores/as de cinturones de seguridad podrían trabajar junto con mujeres embarazadas para el diseño de un cinturón de seguridad que funcione mejor para ellas (ver Estudio de caso: Test de accidentes de automóvil para embarazadas).

3. Buscar las aportaciones de los usuarios/as o de las comunidades: Involucrar a los usuarios/as y las comunidades en la definición de los problemas, las necesidades, las soluciones y en el diseño de alternativas (Oudshoorn et al, 2003:.. Oudshoorn et al, 2002). Entrevistar a los grupos de usuarios, tanto hombres como mujeres, permite a los investigadores/as o ingenieros/as obtener información acerca de cómo una tecnología, un producto, o una medida de salud pública determinada pueden afectar a su vida cotidiana, ayudar a realizar su trabajo o mejorar su tiempo de ocio. ¿De qué manera los roles de género influyen en los datos recogidos o los resultados de un proyecto? Por ejemplo, a causa de la histórica división del trabajo y el papel de las mujeres como principales procuradoras de la atención primaria de salud, son ellas quienes poseen conocimientos tradicionales sobre plantas medicinales (Voeks, 2007). Por el contrario, los hombres son a menudo responsables de la recolección de plantas para su uso como materiales de construcción y es probable que sean ellos los que principalmente posean conocimientos tradicionales sobre este aspecto (Camou-Guerrero et al., 2008). Buscar la aportación del usuario/a con más conocimientos sobre el tema puede ser de gran utilidad para los proyectos.

4. Observar a los trabajadores/as o usuarios/as: Observar a las personas desarrollando su trabajo permite a los científicos/as e ingenieros/as acceder al conocimiento “tácito”, que resulta evidente o “dado por hecho” para los propios trabajadores y que raramente se menciona. Capturar el conocimiento tácito puede aportar nuevas perspectivas a la investigación y al diseño. El equipo investigador podrían preguntarse: ¿Cómo el sexo y el género influyen en la manera de realizar el trabajo, utilizar una determinada herramienta, o en el funcionmiento de un proceso? ¿Cómo esto difiere si el contexto es de un único sexo frente a un contexto con ambos sexos? Los ingenieros/as y diseñadores/as pueden comprobar sus conocimientos sobre la materia interactuando con los usuarios/as. Por ejemplo, para desarrollar un nuevo software destinado a los centros de atención al cliente de teleoperadoras, los investigadores/as en TIC observaron, entrevistaron y trabajaron con los empleados de una centralita, en su mayoría mujeres, para entender sus necesidades. Analizar el trabajo desde el punto de vista de la dimensión de género y recopilar las aportaciones por parte de los usuarios/as tuvo como resultado un software que recogía mejor una serie de necesidades que antes se habían pasado por alto (Maass et al., 2007).

5. Evaluar y rediseñar: los equipos de investigación pueden cooperar con los usuarios/as y las comunidades en todas las etapas de la evaluación del proyecto. Desde la definición de objetivos e indicadores de éxito hasta determinar si dichos objetivos se han alcanzado en la fase de diseño, de implementación y de seguimiento (OMS, 2002). La contribución de los usuarios/as y de las comunidades puede también ayudar a orientar el rediseño de un producto y futuras investigaciones.

Bibliografía

Camou-Guerro, A., Reyes-García, V., Martínez-Ramos, M., & Casas, A. (2008). Knowledge and Use Value of Plant Species in a Rarámuri Community: A Gender Perspective for Conservation. Human Ecology, 36 (2), 259-272.

Cowan, R. (1983). More Work for Mother: The Ironies of Household Technology from the Open Hearth to the Microwave. New York: Basic Books.

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Gonsalves, J., Becker, T., Braun, A., Campilan, D., de Chavez, H., Fajber, E., Kapiriri, M., Rivaca-Caminade, J., & Vernooy, R. (2005). Participatory Research and Development for Sustainable Agriculture and Natural Resource Management: A Sourcebook, Volume 1: Understanding Participatory Research and Development. Ottawa: International Development Research Centre (IDRC).

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Vostral, S. (2008). Under Wraps: A History of Menstrual Hygiene Technology. Lanham, Maryland: Lexington Books.

World Health Organization (WHO). (2011). Indigenous Peoples and Participatory Health Research. Geneva: WHO.

World Health Organization (WHO). (2002). Gender Analysis in Health: A Review of Selected Tools. Geneva: WHO.