Resumen del caso 

El reto:

Casi mil millones de personas en el mundo carecen de acceso seguro a agua de calidad (Hunter et al., 2010). En el África subsahariana, el abastecimiento de agua es trabajo de las mujeres, y cuando los pueblos carecen de infraestructura de agua, las mujeres y las niñas invierten unas 40 mil millones de horas anuales para abastecerse de agua (Hutton et al., 2007).

Método: investigación y diseño participativos

Debido a que el abastecimiento de agua es trabajo de las mujeres, muchas mujeres tienen un conocimiento detallado de los suelos y el rendimiento de sus aguas. Este conocimiento es vital para la ingeniería civil y los proyectos de desarrollo-por ejemplo, para determinar dónde colocar los pozos y las tomas de agua.

Innovaciones de género:

El aprovechamiento de los conocimientos de mujeres locales ha mejorado la eficiencia de los proyectos de agua. Un estudio de los proyectos de agua en 13 países reveló que “… una participación igualitaria de las mujeres contribuye al éxito de los servicios de agua administrados por la comunidad” (Postma et al., 2003). La participación de las mujeres también está estrechamente relacionada con la sostenibilidad de los proyectos.  (Gross et al., 2001).

Un acceso fácil a los suministros de agua de calidad mejora la asistencia escolar de niñas y niños – contribuyendo, por tanto a romper el ciclo de la pobreza.

Caso completo

El reto:

El agua, el saneamiento y las enfermedades relacionadas con la higiene están ligadas a 1,8 millones de muertes al año en todo el mundo (Connell, 2010; CDC, 2006). Naciones Unidas ha abordado de manera explícita la necesidad de infraestructuras hidráulicas -la mejora de los sistemas de suministro de agua y saneamiento- en su estrategia para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ONU, 2010).

Naciones Unidas ha constatado que “en la mayoría de los países, las mujeres son, de hecho, las principales implicadas en aspectos como el agua y saneamiento, y son las principales proveedoras de agua para el consumo doméstico” (ONU, 2008). Estadísticamente, las mujeres y las niñas dedican significativamente más tiempo en la provisión de agua que los hombres y los niños, como se muestra en el siguiente gráfico para las zonas rurales de varios países (gráfico producidos con datos de de Moria et al, 2007; Wodon et al, 2006). Esto genera la extrema “pobreza de tiempo”, que impide a los jóvenes (especialmente a las niñas) ir a la escuela, reduce la cantidad de cuidado que reciben y aumenta los gastos por enfermedades (Costa et al., 2009). En las zonas donde las mujeres carecen de representación política, el desarrollo de las infraestructuras hidráulicas es casi siempre una necesidad en la que se invierte poco (Sorenson et al., 2011). Algunos estudios basados en la observación del modo de gobierno de aldeas en las zonas rurales de la India concluyen que cuando los consejos de la aldea están liderados por una mujer se tiende a priorizar el gasto en infraestructuras hidráulicas, mientras que si los lidera un hombre se tiende a priorizar el gasto en educación (Chattopadhyay et al., 2004).

En la infancia, especialmente en el caso de las niñas, el tiempo dedicado a ir a por agua significa tiempo que pasan fuera de la escuela. Esta relación es tan estrecha que la distancia de un hogar de la fuente más cercana de agua potable predice de forma fiable si las niñas en ese hogar asistirán a la escuela. A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera a la infraestructura hidráulica como fundamental para garantizar la educación primaria universal -el segundo Objetivo de Desarrollo del Milenio- y ha revelado en estudios internacionales que “proporcionar agua potable y letrinas en la escuela (en particular, letrinas para las niñas) alentará la asistencia a la escuela primaria […] ahorrará tiempo, que de otra forma los niños y niñas pasarían recogiendo agua, […] y que estas intervenciones pueden además evitar que los niños/as falten a la escuela como consecuencia de una enfermedad o lesión “(Prüss-Üstün et al., 2006). Sobre la base de la conexión entre la educación y la mejora de la gestión del agua, la OMS predice que asegurar el suministro de agua potable a la mitad de la población que carece de acceso, reduciría el absentismo escolar en casi 80 millones de estudiantes/día en todo el mundo -principalmente en el África Subsahariana, el Sureste Asiático y América Latina (Hutton et al., 2004).

Innovación de género 1: integrar el conocimiento de las mujeres como instrumento en la ingeniería civil

Los proyectos de infraestructuras hidráulicas que han aprovechado el conocimiento experto de las mujeres durante la fase de planificación suelen obtener mejores resultados. Este estudio de caso se basa en el trabajo de Jenna Davis, de la Universidad de Stanford. Estos son algunos ejemplos que han incorporado innovaciones de género en proyectos de infraestructuras hidráulicas:

India: El gobierno indio respondió al terremoto Marathwada de 1993 contratando mujeres para liderar las labores de socorro. El conocimiento de las mujeres acerca de las necesidades locales de agua ayudó a los ingenieros a aumentar la calidad técnica de las infraestructuras hidráulicas. Además, como “principales interesadas” en la infraestructura, estas mujeres consiguieron combatir la corrupción asociada a los proyectos de agua, enfrentándose a políticos que aceptaban sobornos por destinar fondos y a constructores que sobrevaloraban el alcance y los costes de sus proyectos (ONU, 2008; Yonder et al. , 2005) –ver Método a continuación.

– Método: investigación y diseño participativos

La ciencia y la ingeniería occidentales trazan a menudo una línea estricta entre quienes desarrollan la tecnología y quienes hacen uso de ella, sobre todo si esos usuarios/as están en países en desarrollo. La investigación participativa, en cambio, involucra a los miembros de la comunidad – los futuros usuarios/as de las infraestructuras hidráulicas -como miembros activos de los equipos de investigación e ingeniería (O’Fallon et al., 2002).

La división del trabajo -en el que ciertos grupos dentro de una sociedad tienden a realizar ciertos tipos de trabajo – conduce a la sectorización del conocimiento. Las personas responsables de una determinada tarea desarrollarán conocimientos específicos para esa tarea. En los países en desarrollo, las mujeres son las principales responsables de la gestión de los recursos hídricos –obtención del agua, transporte y uso, tanto para fines agrícolas como domésticos (Nationmaster Labor Statistics, 2010). Por tanto, las mujeres desarrollan un importante conocimiento para el desarrollo de las infraestructuras de agua.

El análisis del conocimiento creado como consecuencia de la división sexual del trabajo permite que los gobiernos, las organizaciones no gubernamentales (ONGs) y otros grupos puedan involucrar mejor aquellos segmentos de la población que poseen los conocimientos relevantes para un proyecto de desarrollo concreto. La investigación participativa ha enriquecido la comprensión de los equipos de ingeniería hacia las necesidades de las comunidades, generando simultáneamente mejores resultados en los proyectos. La investigación participativa ayuda a “asegurar que las comunidades desarrollen el sentido de propiedad sobre la red hidráulica y la capacidad de mantener la infraestructura” (Suzuki, 2010).

Malawi: Las Naciones Unidas llevan apoyado proyectos de infraestructuras hidráulicas en Malawi desde 1981. En 1988, una evaluación puso de manifiesto que estos proyectos habían fracasado en gran parte porque las mujeres estaban excluidas de la toma de decisiones y sus conocimientos no fueron utilizados. Como resultado, los administradores/as de los programas –bajo presión de la ONU– contrataron a mujeres. La incorporación de la experiencia de las mujeres supuso importantes mejores en la calidad de las infraestructuras de gestión del agua. (Tenthani, 2002).

Una mujer mapeando la localización de acuíferos, en la Región de Volta, Gana

Tanzania: En el distrito de Kilombero de Tanzania, una ONG respaldada por la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (SDC) se comprometió a incluir a más mujeres del lugar en los procesos de toma de decisiones, sobre todo en aspectos como la elección de la ubicación de pozos de agua. Un pozo de agua cuya ubicación había sido decidida por un comité solo de hombres, se había secado; la ONG consiguió mejores resultados al acceder a los conocimientos de las mujeres sobre la relación entre las condiciones del suelo y la productividad de los pozos (Tissafi, 2004).

Innovación de género 2: mejorando la educación de niñas y niños

Aprovechar los conocimientos de las mujeres del lugar en el ámbito de las infraestructuras hidráulicas ha supuesto para las comunidades en su conjunto enormes beneficios en temas de salud, seguridad, educación e ingresos.

1. Educación: Algunos estudios realizados en diferentes países muestran que los proyectos de gestión del agua mejoran por lo general los niveles de educación de los niños de ambos sexos, especialmente en las zonas rurales (Koolwal et al, 2010). Las mayores ganancias se dan en la educación de las niñas porque el acarreo de agua es tradicionalmente un trabajo femenino, aunque la educación de los niños también se ve beneficiada. En cuatro años, un proyecto de abastecimiento de agua en Marruecos aumentó la asistencia general a las escuelas rurales de primaria (tanto en niñas como niños) en un 16%. Debido a que las mejoras en la gestión del agua redujeron el tiempo que destinaban las niñas a la hora de transportar el agua, se consiguió también reducir la brecha educativa entre las niñas y los niños, las tasas de asistencia de las niñas aumentaron un 21% durante el mismo período (Banco Mundial, 2003).

– Método: analizando cómo interactúan el  sexo y el género

La falta de saneamiento -la otra mitad de la ecuación de las infraestructuras hidráulicas – también pone en desventaja a las niñas. Este problema se crea como consecuencia tanto de las diferencias biológicas de sexo como de las diferencias culturales de género.

La llegada de la menstruación supone para las niñas una mayor necesidad de disponer en la escuela de letrinas limpias y privacidad. En Uganda, por ejemplo, las tasas de abandono escolar de las niñas crecen drásticamente entre los 12 y 13 años de edad, coincidiendo con la menarquía. Sólo el 8% de las escuelas en Uganda tienen un número de letrinas acorde con el número de estudiantes que asisten al centro; y de estas escuelas, sólo un tercio tiene las instalaciones separadas por sexo (Ministerio de Finanzas, Planificación y Desarrollo Económico de Uganda, 2005).

Las creencias y reglas de género también dificultan que las niñas asistan a la escuela. En muchos países, entre ellos Uganda, la menstruación es un tema tabú. Los padres tienden a creer que ya no es “necesario o apropiado que su hija continue asistiendo a la escuela pasada la pubertad” (Kirk et al., 2006). Estos tabúes son más fuertes en aquellos lugares que más carecen de infraestructuras hidráulicas -zonas rurales pobres- y son uno de los principales obstáculos para la educación de las niñas (Sommer et al., 2010).

2. Salud: los proyectos de infraestructuras hidráulicas mejoran ampliamente la salud de la comunidad y de las mujeres:

  • Reduciendo las enfermedades diarreicas, especialmente entre los niños/as (Jalan et al., 2003). Debido a esto, el Banco Mundial ha identificado los sistemas de agua y saneamiento como el factor más importante para mejorar la salud en los países en desarrollo (Zwane et al., 2007).
  • Reduciendo las lesiones relacionadas con el estrés y el alto gasto calórico que supone la carga física de transportar grandes volúmenes de agua (Kayuma, 2010; Costa et al., 2009), así como los riesgos de agresiones, ataques y accidentes de carretera u otro tipo (Sorenson et al (Kavuma, 2010 Costa et al, 2009.). , 2011).
  • Mejorando la calidad del cuidado de los niños/as al liberar a las madres del trabajo de transportar el agua. El resultado es una mejora en la nutrición y la educación (Alderman, 2007).

3. Sostenibilidad: Los proyectos en los que las mujeres han recibido formación para mantener y reparar las infraestructuras hidráulicas (en algunos casos como trabajo voluntario y en otros de forma remunerada) y en los que las mujeres aportaron su conocimiento, la mejora en los recursos hídricos ha demostrado ser más fiable (Hoque et al., 1991). Un mejor acceso al agua para toda la comunidad y a la educación, en el caso de las niñas, facilita a las mujeres adultas el desarrollo de actividades generadoras de ingresos que contribuyan a su sostenibilidad económica.

Conclusiones

En el África subsahariana, ir a buscar agua es trabajo de mujeres. Cuando los pueblos carecen de infraestructuras hidráulicas, las mujeres y las niñas dedican unas 40 mil millones de horas anuales al abastecimiento de agua. Debido a esta división sexual del trabajo, muchas mujeres tienen un conocimiento detallado de los suelos y de sus rendimientos hídricos. El uso de métodos de investigación participativa para aprovechar los conocimientos de las mujeres de la localidad ha mejorado la eficiencia de los proyectos de gestión del agua . La revisión técnica de las infraestructuras para el suministro de agua tiene el beneficio adicional de mejorar la asistencia escolar, especialmente entre las niñas, y contribuir a romper el ciclo de la pobreza.

Siguientes pasos

Los beneficios de unas infraestructuras hidráulicas de calidad son sustanciales: una buena infraestructura puede mejorar la educación, la igualdad de género, la salud de toda la comunidad y la estabilidad económica. Entre las principales estrategias para el desarrollo continuo se incluyen:

1. Más investigación acerca de factores relacionados con el suministro y uso del agua que puedan tener relación con el género. Los riesgos del transporte de agua no se limitan a lesiones de cuello y espalda; también se producen accidentes de carretera y abusos. Además, los roles de género influyen en las prioridades sobre el uso del agua (Sorenson et al., 2011).

2. Asegurar la participación de las mujeres en los consejos del agua a nivel comunitario. Algunos gobiernos y agencias de financiación de proyectos promueven el equilibrio de sexos en la toma de decisiones y en los órganos administrativos, a menudo a través de cuotas; por ejemplo, exigiendo que al menos un tercio de los miembros del consejo sean mujeres (Ballington, 2004). Sin embargo, “el solucionar el tema de los números” de mujeres en los consejos no garantiza por sí mismo conseguir mejores y más igualitarios resultados. Es necesario considerar de igual modo las perspectivas tanto de hombres como de mujeres. Se debe hacer frente a los sesgos de género, así como a otros tipos de sesgos sociales como los relacionados con la casta, edad, religión, riqueza, etc. (Singh, 2006).

3. Desarrollar los servicios de agua para usos múltiples (Multiple Use Services (MUS)). Las Infraestructuras hidráulicas actuales están diseñadas para satisfacer las necesidades inmediatas: beber, cocinar y higiene básica, como es el lavado de manos. Pero no para actividades económicas que reporten ingresos. Los MUS están diseñados para apoyar usos del suministro de agua en el hogar que sean económicamente productivos , y han permitido a las mujeres rurales desarrollar actividades generadoras de ingresos tales como el cultivo de huertos, la cría de pollos (a veces incluso de ganado), la conservación de alimentos y la fabricación de aceites vegetales (Mikhail et al., 2008). En el medio urbano, los MUS apoyan nuevas empresas locales que van desde la molienda de harina hasta la alfarería (Verhagen et al., 2006).

Bibliografía

Alderman, H. (2007). Improving Nutrition through Community Growth Promotion: Longitudinal Study of the Nutrition and Early Child Development Program in Uganda. World Development, 35 (8), 1376-1389.

Ballington, J. (ed.) (2004). The Implementation of Quotas: African Experiences. Stockholm: International Institute for Democracy and Electoral Assistance (IDEA).

Centers for Disease Control (CDC). (2006). Safe Water System: A Low-Cost Technology for Safe Drinking Water. World Water Forum Update, March, 1-2.

Chattopadhyay, R., & Duflo, E. (2004). Women as Policy Makers: Evidence from a Randomized Policy Experiment in India. Econometrica, 72 (5), 1409-1443.

Connell, C. (2010). From Floods to Drought: Delivering Safe Water. U.S. Department of State Bureau of International Information Programs, August 23.

Costa, J., Hailu, D., Silva, E., & Tsukada, R. (2009). The Implications of Water and Electricity Supply for the Time Allocation of Women in Rural Ghana, Working Paper. International Policy Center for Inclusive Growth.

de Moria, A., Fulford, A., Kabatereine, N., Kazibwe, F., Ouma, J., Dunne, D., & Booth, M. (2007). Microgeographical and Tribal Variations in Water Contact and Schistosoma mansoni Exposure within a Ugandan Fishing Community. Tropical Medicine and International Health, 12 (6), 724-735.

Gross, B., van Wijik, C., & Mukherjee, N. (2001). Linking Sustainability with Demand, Gender, and Poverty: A Study in Community-Managed Water Supply Projects in 15 Countries. Delft, Netherlands: IRC International Water and Sanitation Centre.

Hoque, B., Aziz, K., Hasan, Z., & Patwart, M. (1991). Maintaining Village Water Pumps by Women Volunteers in Bangladesh. Health Policy and Planning, 6 (2), 176-180.

Hunter, P., MacDonals, A., & Carter, R. (2010). Water Supply and Health. Public Library of Science (PLoS) Medicine, 7 (11), 1-9.

Hutton, G., Haller, L., & Bartram, J. (2007). Global Cost-Benefit Analysis of Water Supply and Sanitation Interventions. World Health Organization Journal of Water and Health, 5 (4), 481-502.

Hutton, G., & Haller, L. (2004). Evaluation of the Costs and Benefits of Water and Sanitation Improvements at the Global Level. Geneva: World Health Organization (WHO).

Jalan, J., & Ravallion, M. (2003). Does Piped Water Reduce Diarrhea for Children in Rural India? Journal of Econometrics, 112 (1), 153-173.

Kavuma, R. (2010). Harsh Weather Damages Katine School Latrines. The Guardian, March 3.

Kirk, J., & Sommer, M. (2006). Menstruation and Body Awareness: Linking Girls’ Health with Girls’ Education. Netherlands: Royal Tropical Institute.

Koolwal, G., & Van de Walle, D. (2010). Access to Water, Women’s Work and Child Outcomes. Washington, D.C.: World Bank Poverty Reduction and Economic Management Network Gender and Development Unit.

Mikhail, M., & Yoder, R. (2008). Multiple-Use Water Service Implementation in Nepal and India: Experience and Lessons for Scale-up. Lakewood, Colorado: International Development Enterprises (IDE), Challenge Program on Water and Food (CPWF), and International Water Management Institute (IWMI).

NationMaster Labor Statistics. (2010). Labor Statistics By Country, Agricultural Workers, Percent Female, Most Recent. Rapid Intelligence Online.

O’Fallon, L., & Dearry, A. (2002). Community-Based Participatory Research as a Tool to Advance Environmental Health Sciences. Environmental Health Perspectives, 110 (2), 155-159.

Postma, L., van Wijk, C., & Otte, C. (2003). Participatory Quantification in the Water and Sanitation Sector. Participatory Learning and Action (PLA) Notes, 47, 13-18.

Prüss-Üstün, A., & Corvalán, C. (2006). Preventing Disease through Healthy Environments: Towards an Estimate of the Environmental Burden of Disease. Geneva: World Health Organization (WHO).

Singh, N. (2006). Women’s Participation in Local Water Governance: Understanding Institutional Contradictions. Gender, Technology and Development, 10, 61-76.

Sommer, M. (2010). Where the Education System and Women’s Bodies Collide: The Social and Health Impacts of Girls’ Experiences of Menstruation and Schooling in Tanzania. Journal of Adolescence, 33 (4), 521-529.

Sorenson, S., Morssink, C., & Campos, P. (2011). Safe Access to Safe Water in Low-Income Countries: Water Fetching in Current Times. Social Science and Medicine, 72 (9), 1522-1526.

Suzuki, R. (2010). Post-Project Assessment and Follow-Up Support for Community Managed Rural Water Systems in Panama. Thesis, Environmental Engineering, Michigan Technological University.

Tenthani, R. (2002). Sisters are Tapping It for Themselves: What has Gender Got to Do with Keeping Water Clean and Safe in Rural Malawi? New Internationalist, 352, December.

Tissafi, M. (2004). Gute-Politik fordert die Entwicklung. Zürich: Schweiz Global.

Uganda Ministry of Finance, Planning, and Economic Development. (2005). Poverty Eradication Action Plan, 2004/5 – 2007/8. Washington, D.C.: International Monetary Fund (IMF) Publication Services.

United Nations (UN). (2010). The Millennium Development Goals Report. New York: UN Publications.

United Nations (UN). (2008). Gender-Disaggregated Data on Water and Sanitation: Expert Group Meeting Report. New York: UN Publications.

Verhagen, J., & Bhatt, M. (2006). Multiple Use of Water in Urban Areas: A Case Study in Bhuj, Gujarat, India. Delft, The Netherlands: International Water and Sanitation Center.

Wodon, Q., & Blackden, C. (Eds.) (2006). Gender, Time Use, and Poverty in Sub-Saharan Africa. Washington, DC: World Bank.

World Bank (2003). Morocco Rural Water Supply and Sanitation Project: Implementation Completion Report (Report No. 25917).

Yonder, A., Akcar, S., & Gopalan, P. (2005). Women’s Participation in Disaster Relief and Recovery. New York: Population Council Publications.

Zwane, A., & Kremer, M. (2007). What Works in Fighting Diarrheal Diseases in Developing Countries? A Critical Review. Oxford: Oxford University Press.